Aunque Colima registra una de las tasas de desocupación más bajas del país, una parte importante de la población ocupada trabaja en condiciones informales o con ingresos insuficientes.
La situación limita la posibilidad de que el empleo se traduzca en una mejora sostenida de las condiciones económicas de las familias.

En Colima, contar con un empleo no necesariamente garantiza condiciones económicas suficientes para superar la pobreza, debido a la presencia de trabajos informales, inestables o con bajos ingresos.

Aunque la entidad se mantiene entre los estados con menores niveles de desocupación, casi la mitad de la fuerza laboral se encuentra en condiciones de informalidad o precariedad, de acuerdo con la información difundida.

Esta situación implica que una proporción importante de las personas ocupadas carece de estabilidad laboral, acceso pleno a prestaciones o ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas de sus hogares.

El bajo desempleo, por tanto, no refleja por sí solo la calidad de los puestos de trabajo disponibles. Una persona puede aparecer dentro de la población ocupada y, al mismo tiempo, desempeñarse en actividades con ingresos reducidos, sin seguridad social o sin condiciones laborales estables.

El problema adquiere relevancia porque la capacidad de un empleo para mejorar las condiciones de vida depende no solamente de que exista una fuente de ingresos, sino también de su nivel salarial, estabilidad y acceso a derechos laborales.

En este contexto, el mercado de trabajo en Colima enfrenta el reto de generar empleos que permitan a las familias cubrir sus necesidades y mejorar de manera sostenida su situación económica.

La información disponible apunta a que la precariedad laboral continúa siendo uno de los principales obstáculos para que el empleo se convierta en una vía efectiva de movilidad económica para una parte importante de la población del estado.